algún día de estos
saldré de casa
y visitaré la ciudad
no, amor
yo no te engaño
es mi mano, la diestra
posada sobre biblias
sobre textos sagrados
que jura por un mundo
de muertes renovadas
y por cuanto demonio
se derrama en la tierra
y así me escandaliza
embriaga tus axilas
de sombríos olores
y me empuja a soñar
día tras noche
en labios, lunas rojas
y tú
otro edén encarnado
sólo algunos apestados
saben apoyar la frente
en este muro
con cierta distinción
tus pequeños pies
siempre sucios
señalan viejas cumbres
donde hundir los tobillos
en el hielo más negro
y entre tanta tormenta
olvidé preguntarte
si tienes algún nombre
o si tienes cosquillas
¿tienes?
y buscar el daño
y amar
y sin embargo
así, con esa rabia
como si apuñalaras su cadáver
mi esposa es muy dulce
y mudita
se expresa por los codos
y guarda en su silencio
mucha más elocuencia
que un tratado de ternura
déjalo que muera
como se muere todo
sin reproches
sin odio ni rencor
de la forma más elegante
y más apacible