un poema nada circunstancial

porque es nueve de mayo
debería envolver algunas palabras
en papel de regalo
y devolverte algo del calor, del consuelo
que sólo tú me dabas ¿te acuerdas?
cuando me brotaba tristeza hasta de las manos
me crecía, desconchaba paredes
y era una agonía escribir -sylvia-
mientras la ciudad rompía en temporales
y yo
te llamaba para escuchar tu voz
una vez, y otra, muchas veces
y es que parecías a salvo, lejos
me hablabas desde algún refugio tan cálido
que durante esos minutos, quince, treinta
yo me sentía acompañado, protegido
quizá embalsamado
con esa moneda entre los labios
me calmaba oírte decir -no te preocupes...
-ahora van a cambiar las cosas...
-todo va a ir bien, ya verás...
y te creía
te creía y te creo
en fin, aquí estoy, mi única amiga
un tanto ridículo, y a medio encolar
con este ramillete de excusas
intentando evitar esa hueca cortesía
ya sabes, lo de... gracias, un beso
cumpleaños feliz y todo eso
 
ese dolor oscuro

ahora conozco ese dolor oscuro
que anida en las manos que no acarician
y en los brazos que no abrazan
y en los labios que no besan ni sonríen
y el recuerdo de aquella maleta enorme
inmensamente verde
que compraste en los chinos
con capacidad para esas dos vidas
la tuya, también la mía
que tú arrastrabas
y hasta la estación se hacía pequeña
se encogía, y callaba
porque nos quedaban lágrimas, promesas, palabras
súplicas apresuradas
y trenes que partían somnolientos
destemplados
en un amanecer de ojos que te buscaban
que aún te buscan
y ya duelen de no verte