fastidio

cómo escapar de mí
y abandonarme
dejarme también yo
otra piel seca junto al camino
de aquella salamandra moteada

guardaba un cementerio para todos esos besos
que mueren en los labios
guardaba costras, llagas, desengaños
odios propios que me renacían
fardos cansados

ahora voy de un lado a otro de mí
me recorro inútilmente
ya no tropiezo
soy el cuarto vacío que se alquila a un extraño
soy ese mismo extraño que me toma medidas
y chasquea la lengua
soy su fastidio 
(mi) hermosa rutina


a veces
alguna de esas puñaladas
se adentra (punzante)
hasta lo hondo
no es la más dolorosa
ni la que más desgarra
sólo es la última
la que te hará morir

lo que yo daría

bueno, y aquí estoy, sí
aquí estoy pensando en ti
y en lo que daría por hablar contigo
ahora mismo daría un brazo
y una pierna
y un año de vida, o dos
qué me importa
si ya nadie los vive
y hasta le entregaría mi alma al diablo 
y juro que no exagero ¿eh?
sí, pequeña mía
qué no daría yo por ti
por escuchar tu voz
por otro -no lo sé...
pero siempre estás tan ocupada
y yo también
estoy tan sumamente ocupado
todo el tiempo pensando en ti
y en los brazos y piernas y años de vida
y en las almas que se lleva el diablo
y otra vez en ti
y en ti y en ti y en ti
y en cómo crece el vacío
cuando lo llenamos de cosas
 
espejos

hoy sólo quiero desnudarme
y vestirme de ti
atreverme con tu lencería abandonada
la que has dejado en el cajón
untarme de aceites
de rosa mosqueta
pintarme los labios, los ojos
las uñas de azul ultramar
y poner tus canciones
recordarme esa mirada traviesa
y tu sonrisa
mientras bailabas por las habitaciones
asomarme a la ventana
y cantarle a las gaviotas del tejado
if it be your will, por ejemplo
y que se acerquen
fingiendo beber el agua del canalón
y no me reconozcan
y crean que eres tú
que has regresado
y no, ya sé que no
o sí, y estás aquí
en cada espejo
en el cuarto de baño
emborronándome los ojos
arruinando mi maquillaje
y te pregunto si me echas de menos
¿me echas de menos?
y te nublas, te diluyes
y sólo sé decirte -no, perla, no llores
no llores, anda
que las mujeres no lloran 
un poema nada circunstancial

porque es nueve de mayo
debería envolver algunas palabras
en papel de regalo
y devolverte algo del calor, del consuelo
que sólo tú me dabas ¿te acuerdas?
cuando me brotaba tristeza hasta de las manos
me crecía, desconchaba paredes
y era una agonía escribir -sylvia-
mientras la ciudad rompía en temporales
y yo
te llamaba para escuchar tu voz
una vez, y otra, muchas veces
y es que parecías a salvo, lejos
me hablabas desde algún refugio tan cálido
que durante esos minutos, quince, treinta
yo me sentía acompañado, protegido
quizá embalsamado
con esa moneda entre los labios
me calmaba oírte decir -no te preocupes...
-ahora van a cambiar las cosas...
-todo va a ir bien, ya verás...
y te creía
te creía y te creo
en fin, aquí estoy, mi única amiga
un tanto ridículo, y a medio encolar
con este ramillete de excusas
intentando evitar esa hueca cortesía
ya sabes, lo de... gracias, un beso
cumpleaños feliz y todo eso
 
ese dolor oscuro

ahora conozco ese dolor oscuro
que anida en las manos que no acarician
y en los brazos que no abrazan
y en los labios que no besan ni sonríen
y el recuerdo de aquella maleta enorme
inmensamente verde
que compraste en los chinos
con capacidad para esas dos vidas
la tuya, también la mía
que tú arrastrabas
y hasta la estación se hacía pequeña
se encogía, y callaba
porque nos quedaban lágrimas, promesas, palabras
súplicas apresuradas
y trenes que partían somnolientos
destemplados
en un amanecer de ojos que te buscaban
que aún te buscan
y ya duelen de no verte 

nana

así es el más dulce naufragio
cuando alejo tu barco
y acojo entre mis brazos
la caricia de tu pelo
y esa piel que arde en susurros
para no despertarte

desnuda está la noche
las luces parpadean de sueño
duerme, perla
tu cabeza en mi pecho
rebosa helados y atardeceres
y soles que vienen a apagarse
en blandas llamas de color castaño