yo no
  
no quiero distraerte
quiero traerte aquí para que veas
elevarse en llamas los deseos
sobre antiguas torres de falsa hiedra
sobre nubes mal pegadas
cayendo sin peso
mientras los labios arden y se encienden
y deslumbran ociosos avenidas enteras
cúbrete bien los ojos, protégete
hay colores que queman como agujas
hay un verde prendido en cada esquina
y párpados anegados de un llanto seco
pero yo no
yo no juego a extraviarte en mitad de las horas
yo no juego a encontrarte
vaciarme de ti
y olvidarte
y ahora qué

si hasta repugna escribir
mientras tú fotografías
las ramas, las nubes, las cosas
detienes otro mundo
que se enfría y se agota
y muere anquilosado
y otra vez esa inercia
la expresión asustada
el esfuerzo servil de amar a quien no amas
y el no atreverte
ese dejarse ir helándose en los labios
en una mueca rota
que ni siquiera simula
ser sonrisa
y todo para qué
para qué
qué 
los días tristes

este es otro de esos días tristes
lo sé porque me despierto pensando en ti
y encima llueve
y un rumor de abandono cuchichea entre los charcos
y estremece y allá arriba
en lo alto
el vuelo gris perla de algunas gaviotas
desluce un cielo sucio, en llanto y magullado

rompen olas fotogénicas contra las rocas -¡oh, mira!
contra los eucaliptos de riazor
ya sin besos, sin abrazos 
corren los paraguas hacia los soportales
sonríen, qué aventura
dicen que la flota pesquera permanecerá amarrada a puerto
debido al fuerte temporal
en los muelles
en los bares
y no pensará en ti
es lo que dicen
y también es precisamente
lo malo de los días tristes
esa desganada insistencia 

nuestra señora de la perla


                                                                                  

porque insultaste a mi virgen
y le llamaste puta y zorra
y te escapaste riéndote
ahora no me concede nada

entro en la iglesia de san jorge
introduzco mi moneda
y enciendo velas automáticas
tan frágiles como yo
tan incapaces
que me siento en la penumbra
a sollozar y pedir cosas
siempre lo mismo
y mi virgen nada
ni siquiera me mira

creo que deberías recapacitar
y solicitar su merced
y desenfadarla
yo estoy convencido de que va a perdonarte
porque ella es buena y sin pecado
y subió al cielo incorrupta ¿sabes?
entre miríadas de arcángeles alados

en cambio, nosotros
tú y yo, pequeña mía
no tenemos más que esto
nunca iremos a otro cielo
ni muertos

cinco bicicletas (2)

georges braque 


una

dios que todo lo ves
despiojador del mundo cuatrojos
borla perdida en las torceduras de la túnica
sorprendido estás de ver a quien creías muerto
dar saltos a los grandes árboles
para arrancarles sus monos resignados
has visto cómo entre mis colmillos habla
su extremidad encogida


dos

todo lo encenega la edad que transcurre
los humores engordados deslizan
sus nervaduras prietas
en pequeños y ordenados dormitorios
acoge lo que soy en tus brazos y
mánchate de mí como las chimeneas
afilando el humo


tres

tanto como acontece bajo las camas
y la angustia nos dicta
en las hendiduras de la pared
en la espesura del aire
donde florece algún desasosiego
déjate espiar las vasijas
allí guardo mi sierra y
un hachón que de la cera alumbra
oscuros temblores en la tierra


cuatro

y puedo hacer de esta charca
un océano de pájaros escurridos
atrapándose los picos mudos
a distancias romas
como esos imperdibles que clavas en tu antebrazo
cada noche
para que languidezcan las pestañas
embotellando goletas
que una luna anuda presurosa
cuánta sangre teñida de cabello


cinco

y hago todo el mal que puedo
cerca de tus pies
acechando la arena que en tardes
dora hasta el tobillo
viejas tardes que perezosas
se alisan los senos
murmurando apartadas y conmoviéndose en 
esas arenitas del pulgar